Autor Tema: El Primer Encuentro y la Conversión  (Leído 694 veces)

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El Primer Encuentro y la Conversión
« en: Febrero 08, 2015, 04:00:39 am »
Derek Lestrange inspeccionó a la delgada jovencita de arriba abajo sin mostrar pudor alguno. Esbozó una débil sonrisa en el momento en el que extendía su mano con una expresión casi sincera. Samara Mc. Leish no pudo evitarse sentirse extrañada y algo sorprendida por lo que sus ojos observaban, cuando se enteró de que conocería a los otros dos nunca imaginó que serían así. Esperaba los peores maleantes juveniles entrenados para destruir, pero en el fondo ella sabía que esa en realidad era el arma secreta, aparentar que no eran dementes en realidad.

- Soy Samara Mc. Leish.

- Derek Lestrange, y aquel rubio de aspecto solitario es el tercero en la lista, Anthony O'conaill.

Anthony la había estado observando desde que puso un pie en la habitación, observaba como sus cabellos castaños caían sobre sus hombros. Cómo sus ojos eran de un violeta oscuro, capaces de quedarse atrapado en ellos por horas, y cómo su voz parecía ser tan armoniosa cómo lo era su apariencia. Movió la cabeza como si de un saludo se tratara y apartó la mirada de ella para volver a sus asuntos. Derek sonrió para si mismo mientras se encojía de hombros y cerraba la puerta tras Samara.

- ¿Hace cuanto estás con ese cuerpo descartable?

Las palabras de Derek sin duda parecieron tomar de sorpresa a la joven niña irlandesa quién si bien tenía a Derek tras de ella sonrió de costado dándose cuenta de que había subestimado claramente a aquellos que la rodeaban. Las orejas de Anthony parecieron moverse por un segundo, su atención parecía haber cambiado de lugar en el segundo en el que Derek dijo eso con una clara naturalidad.

- Dos semanas, en pocos meses él me creará otro. No es exactamente un proceso muy agradable para los sacrificios, claro. ¿Cómo lo supiste?

- Al no ser tu cuerpo intentar usar tus ojos de Banshee con la intención de ver si podías controlarnos o no fue una mala elección. ¿Es eso lo que vamos a ir a buscar? No sé por qué lo pregunto, sé que lo es.

- Eres bastante perspicaz... Derek. Sí, él por fin consiguió un doppelgänger. Samara Mc. Leish, me queda perfecto ¿No?

- Cuando Samara o cualquiera que sea su nombre consiga el cuerpo, ¿Te unirás a los entrenamientos?

- He estado entrenando en el sur, era más fácil conseguir cuerpos de esa forma mientras crecía. Pero sí, cuando consiga a Samara me uniré a ustedes definitivamente.

- Es un plan a largo plazo, ¿nos podrás soportar tanto tiempo?

- Estoy segura de que me voy a llegar a acostumbrar.




- ¡Anxo!

El maleficio de color violáceo se disparó con fuerza desde la varita de Derek Lestrange mientras este caía sobre el frío piso de la cueva en la que parecía que se encontraban. Del otro lado, una joven de cabellos castaños, disipaba el maleficio de Lestrange sin demasiado esfuerzo al pronunciar con una extrema rapidez el contra-maleficio para un hechizo que ella había llegado a considerar bastante suyo en ese corto período de tiempo. Derek bajó la mirada asumiendo su derrota, y cómo si de una ilusión se tratara la roca y la tierra desaparecieron dejando ver una habítación larga llena de cosas viejas en ella.

- Por favor, Lestrange. Trata de esforzarte un poco más.

Una sonrisa surcó los rostros de los jóvenes mortífagos, pero antes de que más palabras fueran dichas, la puerta de la habitación se abrió con un agitado Anthony O'conaill que entraba estruendosamente, buscando a ambos mientras ingresaba a la habitación. Cuando las miradas se encontraron fue extraño para ambos notar la sonrisa en el rostro de su compañero.

- Tenemos el cuerpo, la ceremonia será esta noche.

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La noche era realmente perfecta para la ocasión que se estaba celebrando, afuera de aquél lugar desconocido para ojos humanos se encontraba todo preparado para un ritual que cambiaría el curso de las cosas. Sobrel verde pasto en el centro, casi iluminada por la luna se encontraba el cuerpo de una joven bruja de 14 años. Cabellos castaños largos caían de la tarima en la que se encontraba, y era imposible saber de qué color eran sus ojos debido a la inconsciencia de la niña.

Un chasquido se escuchó, y la oscuridad fue iluminada por antorchas que rodeaban a cinco metros de distancia el cuerpo. Cuatro figuras encapuchadas eran acompañados por una figura más alta y corpulenta que ellos, las capaz parecían terminar en tinieblas con cada paso que daba y era prácticamente imposible observar parte de su rostro bajo la oscuridad de aquella capa. El velo que cubría a Samara Mc. Leish desapareció cuando se acercó lo suficiente a la chica, sus ojos violáceos investigaron con intriga el cuerpo que tenía delante de ella, pasando su mano con suavidad por el rostro de su contraparte moderna.

Samara bajó la mirada y sonrió para si misma, ese era el día en el que ella conseguiría todo lo que había deseado por tanto tiempo. No más un alma en busca de un cuerpo, ahora lo tendría y todo gracias a Él. Se apartó a un costado del cuerpo mientras que Derek y Anthony se ubicaban a los costados del Maestro, Samara había tardado en notar las runas que había bajo sus pies, y fue cuando vio la mano huesuda y blanca de aquel mago oscuro sostener esa varita tan peculiar, que su corazón se heló. Alsó su mirada y por primera vez se encontró con los ojos de la persona que había logrado completar su objetivo, pero Samara no se encontró con los ojos de lo que esperaba, Samara calló sus pensamientos.

Como si esa fuera la última cosa que Samara fuera a ver en su vida, se desvaneció. El cuerpo que le habían creado se encontraba en el suelo, y las antorchas alrededor parecían haber incrementado el fuego que provenía de ellas. Las runas en el suelo brillaron por un segundo mientras la luna se escondía detrás de las nubes para evitar presenciar lo que estaba a punto de ocurrir. El cuerpo de la joven en el suelo se desvaneció en millones de pedazos, cómo si fueran cenizas en el viento.

- Phesmatos, ex vidas.

El viento provocó escalofríos recorriendo el cuerpo de la joven que habían traído horas atrás. Su cuerpo comenzó a elevarse y las cenizas comenzaron a volar alrededor de ella, posándose sobre la piel de la joven, las antorchas se apagaron por completo y lo único que se escuchó en todo el lugar fue el grito de sufrimiento de la joven y su piel quemándose y reintegrándose casi al mismo tiempo. El cuerpo cayó con fuerza sobre la tarima y las antorchas volvieron a brillas, la luna salía de su escondite y los ojos violáceos la observaban con una sonrisa en el rostro. Samara Mc. Leish había nacido.
"Llora hasta que tus lágrimas puedan llenar el páramo en el que se convirtió tu corazón..."